La semana pasada tuvimos la oportunidad de participar en un nuevo encuentro de Comunidad IT, un foro en el que responsables de tecnología de distintos sectores comparten experiencias reales sobre los retos que hoy marcan la agenda de cualquier comité de dirección.
La conversación giró en torno a una cuestión común a todas las organizaciones: cómo convertir el potencial de la inteligencia artificial en valor tangible y sostenible para el negocio.
Nuestro CTO, Iñigo Sanz, compartió mesa con líderes de tecnología de compañías como Gestamp, Workday, Quirónsalud y Vithas. Contextos muy distintos, pero una coincidencia clara: la IA ha dejado de ser una promesa futura y se ha convertido en una palanca estratégica que exige decisiones maduras.
De la adopción individual a la adopción organizativa
Uno de los puntos más interesantes del debate fue entender cómo están evolucionando los modelos de adopción. Los equipos han incorporado la IA con rapidez en su día a día, impulsados por la necesidad de ser más ágiles y eficaces. El verdadero reto comienza cuando esa adopción debe escalar a nivel corporativo.
En este contexto surgió el concepto de Shadow AI, no como una anomalía, sino como un síntoma. Un indicador de que existe una demanda real que la organización debe saber canalizar. La experiencia compartida fue clara: la respuesta no está en la restricción, sino en ofrecer marcos y herramientas que generen confianza y alineación.
Gobernanza como habilitador del crecimiento
Otro de los aprendizajes compartidos fue la importancia de establecer modelos de gobernanza sólidos desde el inicio. No como un ejercicio de control, sino como un factor habilitador de escala.
Definir criterios de priorización, garantizar la trazabilidad y asegurar la alineación con la estrategia de negocio es lo que permite que los casos de uso evolucionen desde pruebas iniciales hacia iniciativas con impacto real. La gobernanza, bien entendida, no ralentiza la innovación: la hace sostenible.
El CIO y el nuevo liderazgo transversal
La IA, por su propia naturaleza, atraviesa áreas, funciones y responsabilidades. Esto sitúa al CIO en una posición clave. No como propietario exclusivo de la tecnología, sino como orquestador de un cambio transversal.
El rol evoluciona: de la gestión de infraestructuras a la construcción de confianza. De responder a las limitaciones técnicas a facilitar decisiones informadas. De ser un área de soporte a convertirse en un socio estratégico del negocio.
La conclusión del encuentro fue unánime: el desafío no es adoptar inteligencia artificial, sino integrarla de forma coherente, responsable y alineada con la organización.
Porque, más allá de la tecnología, la verdadera transformación sigue teniendo un componente esencialmente humano: personas que confían, entienden y se sienten parte del cambio.






